Enviado por Moderador el Vie, 06/12/2009 - 20:14.
Docilidad católica ante el magisterio
El magisterio de la Iglesia participa de la misma autoridad de Dios al enseñar, por lo que se le debe en grado máximo “fe de autoridad“ y no “fe de credibilidad”. Cuando se pronuncia, entonces, el católico solo debe juzgar “quien lo dice” y ser dócil en aceptar “lo que se dice”. Pero tanto al juzgar “quien lo dice “ como al aceptar “lo que se dice“, debe hacerlo formalmente y no materialmente:
-Al juzgar “quien” enseña, no debe considerar tanto la persona física que se pronuncia, ya sea el Papa o los obispos, sino la persona moral o personalidad asumida en cuya autoridad se funda la enseñanza. El católico debe reconocer de manera clara y expresa que los Pastores se pronuncian in persona Christi y no en persona propia o de cualquier otra entidad creada: ”porque aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema “ (Gal. 1,8).
-Al aceptar “lo que “se enseña, no debe considerar solamente las sentencias pronunciadas, sino también el grado de credibilidad que a misma autoridad les reconoce: infalibles, ciertas u opinables . Y en esto también hace falta docilidad para no restar ni sumar haciendo, por ejemplo, que lo que se enseña como cierto se disminuya a opinable o se aumente a infalible. Ahora bien, a causa de su liberalismo, el magisterio conciliar se presenta ante el atónito católico de una manera inédita en ambos aspectos: