Corrían los primeros días del mes de enero de 2002 cuando The Boston Globe sacó a la luz un amplio reportaje sobre abusos sexuales por parte de algunos miembros del clero en la arquidiócesis de Boston, entonces presidida por el cardenal Bernard Law. El reportaje convertido en serie escrita llegaría a ser «Premio Pulitzer» en 2003.
No era la primera vez que el tema de los abusos llegaba a la opinión pública estadounidense aunque esta ocasión sí fue la que determinó un continuado interés mediático que, diez años después, ha terminado por convertirse en obsesivo.
¿Qué ha pasado en esta década? Desgraciadamente los acontecimientos revelados por The Boston Globe no eran algo aislado. A lo largo de estos años se han conocido más nombres y hechos confirmados que han facilitado el enseñamiento mediático que alcanzó su cenit en 2009 con los intentos de manchar la imagen del Papa Benedicto XVI.
Los casos del P. Marcial Maciel –difunto–, en México; del P. Fernando Karadigma, en Chile; del ex obispo de Brujas, Bélgica, Roger Vangheluwe (destituido en 2010); los hechos que salieron a la luz en Alemania sobre el Canisius College, de los jesuitas, sobre la escuela de la abadía benedictina de Ettal y acerca del P. Peter Hullermann –difunto–; los casos de Lawrence Murphy –difunto–, sacerdote de la diócesis de Milwauke, y de Stephen Keisle –difunto–, de la diócesis de Oakland, en los Estados Unidos; hasta llegar a los más recientes informes (de 2009 a 2011) sobre Irlanda y Holanda, son algunos de los más ampliamente divulgados y, en consecuencia, conocidos.
No se puede negar que la exposición massmediática posibilitó tanto la denuncia como el seguimiento de los casos. Tal vez en buena medida se deba también a eso el espoleo a la acción unánime de la Iglesia con medidas de claridad, transparencia y creación de ambientes todavía más seguros para menores como, de hecho, se han dado precisamente en estos dos lustros.
Pero la carrera de titulares bien pronto derivó en una tratativa poco seria de otros tantos supuestos que al final degeneró en especulaciones, oportunidades de ataque e incluso lucrativas invenciones que, desafortunadamente, en no pocos lugares, han pasado a engrosar el arsenal de leyendas negras contra la Iglesia. ¿Cuáles han sido y qué lecciones han dejado?
1. Una evidente desproporción en la atención mediática dedicada a los casos dentro de la Iglesia respecto a otras confesiones religiosas e incluso respecto a cualquier otro grupo humano.
Es la convicción, por ejemplo, de Philip Jenkins, profesor de Historia y Estudios Religiosos en la Universidad de Pensilvania. Resulta ilustrativo el dato de Tom Hoopes en la web de CBS News (cf. «Has Media Ignored Sex Abuse In School?»): «durante la primera mitad del 2002, los 61 periódicos más importantes de California publicaron 2000 historias de abuso sexual en instituciones católicas, mayormente relacionados con acusaciones pasadas. Durante el mismo periodo, esos periódicos publicaron cuatro historias acerca del descubrimiento del gobierno federal de un escándalo de abuso sexual mucho más largo -y continuo- en escuelas públicas».
2. La multiplicación de señalamientos y las constantes publicaciones, aun sin estar comprobadas, han degenerado en la difusión de un modo de pensar que hace equivalentes los términos «acusado» = «culpable» por el simple hecho de ser sacerdote. Esto ha quedado ejemplificado en el caso del P. Reynols, un sacerdote irlandés falsamente atacado por la cadena pública de su país, RTE, y cuyo error no confirmado convertido en programa de tevé le acarreó al canal una multa millonaria en 2011 por difamación.
3. Católico no es igual sólo a sacerdote. Otro error común de la prensa laica es identificar inmediatamente un caso de abuso en una institución católica con la inmediata imputación a la figura del sacerdote. Ha vuelto a suceder en el informe holandés del 21 de diciembre de 2011 donde esto se evidencia claramente pero que los periódicos olvidan voluntariamente aposta.
4. La falta de precisión que confunde y agranda la rabia. En un artículo de Elizabeth Lev para Politics Daily (cf. «En defensa del clero católico -¿o queremos otro reino del terror?») la autora ponía el dedo en este tema: «La frase “abuso sexual” se equipara erróneamente con “pedofilia” para avivar aún más la indignación […]». Los informes y los casos matizan entre lo que implica –y diferencia– un abuso propiamente sexual y los abusos físicos y psicológicos, que no son lo mismo.
5. El intento de culpar directamente al Papa. Apostaron por ello en 2009 Süddeutsche Zeitung, TIME, el semanario Stern, The New York Times y The Associated Press. Lo que les quedaba de «prestigio» en cuanto a investigación socio religiosa bien pronto quedó por los suelos.
6. Tocante a casos recientes individuales y a investigaciones hechas públicas, se echa de menos que los medios olviden que en su mayoría los informes han sido impulsados por comisiones creadas por la misma Iglesia y que a sacerdotes acusados a los que la justicia civil no ha querido procesar, al haber prescrito el caso (es decir, haber pasado demasiado tiempo desde que sucedieron los delitos), la justicia eclesiástica sí haya actuado. Es el caso, por ejemplo, del P. Karadigma en Chile o del obispo del ex prelado de Brujas, Bélgica, Roger Vangheluwe. Durante este periodo, además, al menos una decena de obispos han sido dimitidos ante la deficiente tratativa que dieron a casos de sacerdotes pertenecientes a sus diócesis.
7. La falta de contexto es otro error periodístico común. Se olvida que en su inmensa mayoría los crímenes acontecieron entre los años 60 y 70 del siglo pasado, periodo de la tan aplaudida «revolución sexual». Quienes los perpetraron ya están muertos pero la mala fama se les ha hecho a los sacerdotes de ahora.
8. Sólo a modo de mención vale traer aquí el lucrativo negocio en que se ha convertido representar a víctimas, reales o supuestas, ante los tribunales, instrumentalizando a las personas; la poca repercusión que tuvieron las Modificaciones introducidas en las Normae de gravioribus delictis tocantes al tema de los abusos, en mayo de 2010 (aunque el proceso y otras modificaciones iniciaron desde 2001) y la «Guía para comprender los procedimientos fundamentales de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) cuando se trata de las acusaciones de abusos sexuales». Actualmente, pese a que el mismo Papa Benedicto XVI ha querido encontrarse con algunas víctimas de abuso en Australia, Estados Unidos, Inglaterra, Roma y Malta, sigue corriéndose el bulo de que jamás lo ha hecho.
Han pasado diez años de culpas asumidas, errores admitidos, dimisiones y cambios; diez años de titulares excesivos, más noticias lamentables, honestidad, purificación y un cúmulo de lecciones que quedan como enseñanzas y en los que la Iglesia ha podido mejorando su capacidad de reacción.
No es osado decir que hoy por hoy está a la vanguardia de las instituciones que ofrecen los mejores ambientes seguros a menores de edad. Eso no será noticia pero sí el evidente resultado de una notable mejora.
Nadie se hubiera imaginado hace una década que habría una sección fija sobre el tema de los abusos en la página oficial de la Santa Sede como existe hoy en día. Un auto recuerdo de la importancia de comunicar adecuadamente y también de honestidad propia. Si, también como recordatorio a los medios que, teniendo al alcance un recurso como ese, se han querido mantener en la ignorancia sobre lo que la Iglesia ha hecho en este campo.
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En los últimos años hemos dado un seguimiento pormenorizado al tema de los abusos y la tratativa dispensada por los medios. Los numerosos artículos al respecto pueden consultarse ]]>![cdata[en esta dirección:]]>

Comentarios
Cero coincidencia, amigo
Cero coincidencia, amigo editor.
Estos "errores" que Ud. enumera cometidos por los medios masivos de difusión, no son tan inocentes como se pretende, ni tan "naturales" como se presentan por tratarse precisamente de medios masivos.
Se trata de una campaña razonada, sutilmente orquestada y puesta en acto en debida forma y con infinidad de recursos, contra la Iglesia católica. En la mayoría de los casos y a pesar del estúpido, criminal y -acaso- cómplice "...y tú mucho más", lo cierto es que resulta ya inocultable que el mecanismo de aceptar sin discusión alguna o todas las "acusaciones" de pedofilia por la simple presión de los medios y los estados laicos, y sin las debidas investigaciones ni derechos a la defensa por parte de los supuestos involucrados, ha logrado crear un manto de sospecha, y algo todavía más pesado: un desprestigio total, contra toda la Iglesia católica. ¿Los cómplices...? De adentro son los más peligrosos, por supuesto, como siempre; como en el caso de la Sábana Santa de Turín, el principal cómplice fue el cardenal obispo local, que se largó a darle la razón a los canallitas del Museo Británico que dataron la Síndone en el Medioevo, sin ver las pruebas, las contrapruebas y los demás argumentos.
Acá es igual; y en particular, con los muertos, con los curas muertos, a quienes se acusa y nadie defiende ¡total para qué! si ya están muertos. Se acepta cualquier cosa, cualquier testimonio y cualquier acusación. No digo que no existan casos reales, pero ni siquiera se investiga si el sujeto en cuestión, como se indicara hace unos 50 años atrás, no sería un "tapado", un enemigo que quedó a la espera de una oportunidad para saltar y desacreditar ... creo que Ud. sabe que hubo MUCHOS casos de ésos.
No amigo, yo no creo casi ni una palabra de toda esta campaña de "decencia" y "honestidad" planteada por gobiernos y entidades que sostienen públicamente la homosexualidad y toda clase de licencias, y por católicos salames (ya que este fiambre está de moda en estas hojas). Como casi todos los casos se "transan" y no llegan a juicio (verifique por favor esto que le digo) y el catolicismo está lleno de sonsos que se creen cualquier cosa que se diga en su contra (especialmente, si se dice de algunos curas "progres" o supuestamente tales), esto se ha convertido en un barrial inmundo, donde ya nadie sabe qué es cierto y qué es mentira. Empezando por la Santa Sede, que ha asumido actitudes equívocas.
Es mi opinión, pues, que hay que tomar todo este asunto con pinzas, y con pinzas que puedan arrojarse lejos una vez comprobada la infección de lo inspeccionado...
Lo saluda
Edelmiro Juan Wiener Farrell
Creo que abusan de la frase
Creo que abusan de la frase "Dios ha permitido este mal, porque puede sacar un mayor bien" y la hacen extensiva a todas las situaciones y no es correcto, no es asi siempre. Creo que Dios tiene las manos atadas en muchos casos por ejemplo cuando llevan a bautizar a los niños y luego no le enseñan la verdadera doctrina. Dios pudo por ejemplo sacar bien de una santa María Goretti pues ella estaba instruída por la sana doctrina de la Iglesia preconciliar pero hoy en día que no tienen esa formación caen en diez mil desgracias (por no ponerlos en guardia desde pequeños). Un remedio mezclado con veneno no tiene el mismo efecto.
Bien, pero no así
Estoy de acuerdo en general con este artículo. Pero, siempre hay un pero, me queda la sensación de que se limita a decir "y tú más". Sin duda es verdad que en las escuelas públicas y en otros 'oficios' hay mayores proporciones de abusos sexuales que entre los clérigos y religiosos y sin embargo, no hay una sección fija en los periódicos; también es verdad que el mayor número de casos de abusos se da en el entorno familiar más cercano: padres, tíos y que tampoco se airea en los noticiarios.
Mas un mensaje católico reducido al "y tú más" de pronto no se distingue nada de la defensa de un pagano. Hay cruces con las que nacemos y otras que nos hemos buscado por habernos desviado de la fe; corresponde cargar con aquellas y éstas, hacer un verdadero propósito de la enmienda y penitencia.
Dios no ha creado esta crisis que atravesamos, porque Dios no crea el mal. Esta crisis la han fabricado los miembros de la Iglesia y Dios ha permitido este mal, porque puede sacar un mayor bien. "Allí donde abundo el pecado, sobreabundó la gracia", sino no pudiera lograr un bien mayor, no hubiera permitido esta crisis fruto del mal uso de la libertad de los miembros de la Iglesia y por tanto, de su desobediencia. A mayor negación de la gracia, diciendo "y tú más", menos enmienda y penitencia y contrición, con lo que muy probablemente requiramos de más flagelo.
Difícil resulta la contrición cuando se ha perdido la conciencia del pecado ¿Pero se habían creído nuestros pastores que iba a salir 'gratis' el desposeimiento de la dignidad al sacerdote, alter Christus, al nombrarlos presidentes de la Cena y ejecutivos con horario laboral? ¿ No tiene nada que ver en esta situación las rebajas del breviario u oficio divino en 20 minutos? ¿ No tiene que ver nada con esto las irreverencias al Santísimo Sacramento, la retirada del Tabernáculo, en fin, la pérdida de sacralidad de cualquier ceremonia? ¿ No tiene está en la raíz la pérdida de fe en la transustanciación? ¿ No afectó a esta situación la pérdida de fe en el infierno (está vacío, dicen muchos) en el purgatorio y la nula predicación de los novísimos? ¿ No se ha llegado aquí porque la formación de los seminaristas es francamente dudosa en ortodoxia, filosofía, latín, liturgia ? ¿ Es que el Catecismo Holandés, en el cual se basaron muchos catecismos de otros países no ha introducido una relajación en la fe y en materia moral? ¿ Y qué decir del otro 'ladrillo' llamado 'Pierre Vivant? ¿Es que no aprobaron esos catecismos las Conferencias Episcopales? ¿ Acaso no se rebelaron las Conferencias Episcopales contra la Humae Vitae?...Los jóvenes siguen siendo generosos, y en esa etapa de la vida se suele eligir la 'radicalidad no la tibieza, aunque se equivoquen, pero como no se les mostró la 'radicalidad' de la Cruz, escándalo para los judíos, necedad para los griegos, ..pero sabiduría de Dios para los elegidos, y cómo no llegaban los jóvenes 'radicales' y generosos ¿No admitieron cualquier cosa en los seminario, con tal de mejorar la escandalosa estadística?
Pues bien, mientras no se subsanen las causas será difícil salir de esta situación. Todo empezó, o mejor dicho, se conjuntó cunado nuestro gozo y esperanza (GS) se quiso hacer simpática al mundo, al reconocer las esperanzas de éste como las nuestras, cuando son irreconciliables.
Examen de conciencia (reconocer la causa profunda), dolor de los pecados (hemos sido infieles al Amor Crucificado, nuestro Esposo) propósito de la enmienda (rectificar lo mal hecho en seminarios, etc.) decir los pecados al confesor (la hora de reconocer ad intra los 4 o 5 errores de un Concilio pastoral y la obstinación en ese camino) y cumplir la penitencia (oración, ayuno, mortificación, sí, sí, mortificación). Si así hiciéramos la prueba nos parecería muy pequeña, ante la abundancia de gracias que se derramarán por quien no nos abandona. Si no nos amara como buen Padre, no nos castigaría para corregirnos.
Ha dado Ud. en el clavo
Lo que Ud. señala son las causas de las desviaciones horrorosas y vergonzantes que los católicos debemos asumir y corregir por el camino que Ud. señala.
En favor del artículo, que toca las cosas como suele hacerse, con una argumentación naturalista, creo que muestra la particular inquina del mundo contra la Iglesia, y esto después de 50 años de declaraciones de amor del clero por el mundo, empezando por el desastrado Concilio.
Es increíble que pocos años antes de convocar a la magna asamblea, la Santa Sede gozara del respeto de la prensa y de una notable influencia en la marcha de los asuntos mundiales, insuficiente, vale decirlo, para encaminar las cosas, pero tan fuerte que nadie podía pasarla por alto sin sufrir un costo grave en desprestigio moral.
El castigo por desviarse del sano camino evangélico va inserto en el propio desvío: nunca el prestigio de la Iglesia Católica estuvo más bajo y pisoteado.