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A juicio de hombres probos...

A Covita, con afecto particular, y a pedido suyo.

“A juicio de hombres probos” se decía en otros tiempos.

Por ejemplo, la compensación del vencedor de una guerra se hacía hasta el límite que pareciera razonable “a juicio de hombres probos”.

El moderno no puede creer que haya hombres de este talante. Hombres que en un momento digan: “Ya, suficiente. No podemos exigir más del enemigo vencido, porque la justicia está satisfecha”.

No lo puede creer y la historia moderna abona su escepticismo. Pero la historia anterior nos muestra ejemplos de varones que encarnaron esta escasa virtud.

¿Será que ya no hay más “hombres probos”, capaces de respetar al vencido, al débil, aún en una guerra justa, y no tomar de él más de lo que la reparación justifica? Hombres capaces de decir lo que deben aún a costa de su propio bien.

¿Qué extraña confianza hacía que en los tiempos cristianos se dejasen, inclusive en los tratados de moral, estas cuestiones libradas “al juicio de hombres probos”?

Probablemente la familiaridad con la especie, siempre rara pero hoy ausente de la vida pública, y de la vida en general de lo que podemos llamar propiamente “hombres probos”.

La confianza -hoy demasiado incierta como para recurrir a ella- de que en todas partes habría al menos un “hombre probo” dispuesto a hacer valer la verdad y ser la voz de la justicia. Y el respetuoso acatamiento de la sociedad en general a quien diera la talla.

Hombres probos se necesitan… desesperadamente.

Comentarios

Hombres probos...

Muy bueno lo de L de P pero yo soy mas bien "al pan, pan y al vino, mucho".... Lo que se dice "hombres probos" los hay, es cierto, hay gente que con honestidad busca el bien y la verdad, pero... ¿Cuando le va a dar cabida un sistema perverso que busca intereses sectoriales totalmente reñidos con la moral y la verdad en si? o sea ¿es hombre probo aquel que se sienta en la mesa de esos malditos? Está bien que Jesús no vino a salvar a los salvos sino a los perdidos, pero no le contestó siquiera una pregunta al pútrido Pilato (funcionario público). No niego que he conocido algún raro especimen que se manejó honestamente en algún cargo político importante, pero por ello no lo dejaron nunquísima mas llegar a esas altitudes. Quien levante la voz en defensa de la justicia no será escuchado y ningún micrófono se acercará a su boca. Pónganle la firma, che.

eso es cierto....

eso es cierto....

Haberlos, los hay; lo difícil

Haberlos, los hay; lo difícil es encontrarlos y exaltarlos. Decía don Mario Amadeo que la principal dificultad que tiene el (des)orden llamado "democrático", es precisamente la posibilidad de identificar y exaltar a los mejores, los "hombres probos" que, más que el agua y el pan, necesitan las sociedades para hallar el camino de su vida virtuosa.

Y que por otra parte, las guerras de hoy en día no se hacen ya como una enconada defensa de la Justicia vulnerada, lo que limita naturalmente el derecho del vencedor a las impensas necesarias para restablecer el derecho, sino que son meras guerras de conquista o, peor, de puro interés. Casi todas, digo, por que el que se defiende dellas obra bien y es justo aunque no gane; que generalmente no gana. Aunque de vez en cuando ...

El gran problema pues, es cómo resolver este penoso intríngulis para darle a los mejores el lugar que por justicia (dice el Gran Tomás) les corresponde. Y de ello, obtenerse para la vida política todos los bienes que la Providencia de Dios N. S. ha querido proporcionar por su intermedio.

Por fin, queda la decisiva cuestión de que, al menos una pequeñísima porción de estos "hombres probos", debe haber para que Dios sostenga una sociedad dada en su lugar, o bien, la destruya por su vileza al no poder presentárselos. Luego, se podría decir que estos justos, mínimo unos 10 digamos, son el pararrayos de las sociedades, como prueba el texto sagrado con la intervención de Abrahám ante Dios, que culminó en la destrucción de Sodoma.

Atención, pues, al trato que le demos a estos verdaderos testigos de la Verdad; no sea que el día del diluvio de fuego no quede casa donde socorrerse...

L. de P.