Docilidad católica ante el magisterio
El magisterio de la Iglesia participa de la misma autoridad de Dios al enseñar, por lo que se le debe en grado máximo “fe de autoridad“ y no “fe de credibilidad”. Cuando se pronuncia, entonces, el católico solo debe juzgar “quien lo dice” y ser dócil en aceptar “lo que se dice”. Pero tanto al juzgar “quien lo dice “ como al aceptar “lo que se dice“, debe hacerlo formalmente y no materialmente:
-Al juzgar “quien” enseña, no debe considerar tanto la persona física que se pronuncia, ya sea el Papa o los obispos, sino la persona moral o personalidad asumida en cuya autoridad se funda la enseñanza. El católico debe reconocer de manera clara y expresa que los Pastores se pronuncian in persona Christi y no en persona propia o de cualquier otra entidad creada: ”porque aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema “ (Gal. 1,8).
-Al aceptar “lo que “se enseña, no debe considerar solamente las sentencias pronunciadas, sino también el grado de credibilidad que a misma autoridad les reconoce: infalibles, ciertas u opinables . Y en esto también hace falta docilidad para no restar ni sumar haciendo, por ejemplo, que lo que se enseña como cierto se disminuya a opinable o se aumente a infalible. Ahora bien, a causa de su liberalismo, el magisterio conciliar se presenta ante el atónito católico de una manera inédita en ambos aspectos:
- No se expresa ni in persona Christi, ni in propia persona, sino “in persona Populi Dei”, arguyendo erradamente que también es infalible en su “sensus fidei”.
- No propone sus novedades ni como infalibles, ni como ciertas, ni como opinables sino como “discutibles”, creyendo equivocadamente que alcanzan a través del “diálogo en comunión” del Pueblo de Dios.
Por lo tanto, el católico dócil al magisterio, al no reconocer claramente la voz del Maestro en el nuevo y extraño modo de magisterio conciliar, no acepta nada que le parezca distinto al evangelio anunciado por el magisterio infalible anterior; y como los mismos Pastores lo invitaban al diálogo, viviendo la fe en peligro, se ve obligado a entrar en una discusión inconcebible en el marco del magisterio tradicional.
A LA TERCERA OBJECIÓN
NO BUSCAR OTRO CRITERIO FUERA DE LO QUE EL MAGISTERIO VIVO DICE DE SI MISMO.
Para resolver el dilema del magisterio conciliar no hay que buscar otra regla o criterio fuera de lo que el magisterio vivo dice de si mismo. El principio fundamental que distingue el católico del protestante es que toma como única regla o criterio próximo de la doctrina revelada al magisterio vivo de la Iglesia. Si además ponemos las cuatro condiciones vaticanas como regla o criterio para juzgar si tal acto del magisterio vivo es o no infalible, este segundo principio no debe entenderse en contradicción con el primero y fundamental. Es decir, es el mismo magisterio vivo quien debe decir si se cumplen o no estas condiciones:
-Es la misma jerarquía quien debe dar a entender si habla en razón de la autoridad que tiene de Cristo a título personal o de otro modo. No le es licito al católico juzgar que quien ocupa la Sede romana no habla en cuanto Papa porque lo que dice esta errado, pues en este caso ya no toma como regla inmediata al magisterio vivo.
-Es el mismo magisterio quien juzga si la materia de su enseñanza tiene o no conexión con la Revelación. Si el Papa definiera “ex cathedra” que dos mas dos es cuatro, no seria licito al católico rechazarlo por que no tenga conexión con la Revelación, pues no le corresponde a él juzgar que se hace necesario defender para conservar el Deposito de la fe .
-De la misma manera, para juzgar a quienes se dirige la enseñanza y el grado de certeza que tiene la misma, no hay que buscar otra regla fuera de lo que el magisterio manifiesta en su acto mismo.
Ahora bien, es cierto que el magisterio conciliar nunca a querido reconocer que las novedades que enseña no tengan conexión con la Revelación, sino que, muy por el contrario pretende erradamente que provienen de la médula misma del Evangelio. Por lo tanto, si el Concilio manifestara comprometer plenamente en sus declaraciones la autoridad que tiene de Cristo, no seria licito argüir la falta de esta condición para justificar la no infalibilidad del magisterio conciliar. Pero como el Concilio no impone su doctrina con la autoridad que le viene de arriba, sino que la propone abierta al dialogo con el resto de la Iglesia y de la humanidad, al teólogo tradicional –que contra el suponer de algunos ni está fuera de la Iglesia ni es un extraterrestre– no le queda más remedio que juzgar según sus luces si verdaderamente existe tal conexión necesaria con el depósito de la Fe. Y por poco que investigue llega a la siguiente conclusión: Las novedades conciliares sí tienen conexión necesaria con la Revelación, pero no porque estén implícitas en el Depositum Fidei como la conclusión en sus premisas ni como la aplicación particular en su principio universal, sino porque están necesariamente excluidas como el contrario por su opuesto dentro del mismo género.
Nos explicamos un poco mejor:
Los errores conciliares –que podrían resumirse en libertad, igualdad y fraternidad revolucionarias– tienen por su misma naturaleza estrecha relación con la verdad del Evangelio. El Cardenal Ratzinger dijo que las novedades conciliares han “han nacido fuera de la Iglesia” y habrían sido incorporadas ya “depuradas y corregidas”, pero esto es falso y aquello no es completamente cierto, porque los errores liberales han nacido dentro de la Iglesia, de verdades reveladas que han sido luego deformadas y enloquecidas. Fue Jesucristo quien trajo al mundo la verdadera libertad: “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32), la verdadera igualdad: “Ya no hay griego ni judío, circuncisión ni insircunsición, bárbaro o escita, siervo o libre , porque Cristo lo es todo en todos ” (Col 3,11) y la verdadera fraternidad: ”este es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros como Yo os he amado ”(Jn 15,12);bondades de las que ni noción tenia el mundo antiguo. El hombre moderno aprendió del cristianismo este género de bienes, pero negando su diferencia especifica, que consiste en su orden al fin sobre natural, creo la especie contraria que maxime dista: una libertad ni siquiera ordenada a los fines que descubre la razón natural, sino solo sometida al más puro capricho del hombre. El liberalismo modernista es la herejía por antonomasia del catolicismo, que no puede darse en el mundo que ha permanecido ajeno al Evangelio , ya que sea entre judíos, musulmanes o paganos de oriente.
Alvaro Calderón, La Lámpara bajo el Celemín, Págs. 58-60
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Comentarios
yo se que el apocalipsis se
es largo
A LUIS OSIO Y A LOS OTROS QUE SE FIAN DE LA SALETTE.
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