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La religión como sentimiento, principio del liberalismo

Discurso del Card. Newman al recibir el birrete cardenalicio

El 12 de mayo de 1879, el entonces Padre Newman acudió a Roma para recibir el “biglietto” que le anunciaba que el Papa León XIII había decidido elevarlo a la dignidad cardenalicia. En ese entonces, pronunció un memorable discurso que ahora publicamos, tomándolo de la traducción ofrecida por la revista Humanitas. Sorprende, de modo especial, la actualidad de las palabras pronunciadas por el futuro beato.

Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.

En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz. ¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto? Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tantos años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.

Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo? A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito. Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.

El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe. Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa? Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.

Hasta ahora el poder civil ha sido cristiano. Aún en países separados de la Iglesia, como el mío, el dicho vigente cuando yo era joven era: “el cristianismo es la ley del país”. Ahora, en todas partes, ese excelente marco social, que es creación del cristianismo, está abandonando el cristianismo. El dicho al que me he referido se ha ido o se está yendo en todas partes, junto con otros cien más que le siguen, y para el fin del siglo, a menos que interfiera el Todopoderoso, habrá sido olvidado. Hasta ahora, se había considerado que sólo la religión, con sus sanciones sobrenaturales, era suficientemente fuerte para asegurar la sumisión de nuestra población a la ley y al orden. Ahora, los filósofos y los políticos están empeñados en resolver este problema sin la ayuda del cristianismo. Reemplazarían la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, antes que nada, por una educación universal y completamente secular, calculada para convencer a cada individuo que su interés personal es ser ordenado, trabajador y sobrio. Luego, para el funcionamiento de los grandes principios que toman el lugar de la religión, y para el uso de las masas así educadas cuidadosamente, se provee de las amplias y fundamentales verdades éticas de justicia, benevolencia, veracidad, y semejantes, de experiencia probada, y de aquellas leyes naturales que existen y actúan espontáneamente en la sociedad, y en asuntos sociales, sean físicas o psicológicas, por ejemplo, en el gobierno, en los negocios, en las finanzas, en los experimentos sanitarios, y en las relaciones internacionales. En cuanto a la religión, es un lujo privado que un hombre puede tener si lo desea, pero por el cual, por supuesto, debe pagar, y que no debe imponer a los demás ni permitirse fastidiarlos.

El carácter general de esta gran apostasía es uno y el mismo en todas partes, pero en detalle, y en carácter, varía en los diferentes países. En cuanto a mí, hablaría mejor de mi propio país, que sí conozco. Creo que allí amenaza con tener un formidable éxito, aunque no es fácil ver cuál será su resultado final. A primera vista podría pensarse que los ingleses son demasiado religiosos para un movimiento que, en el continente, parece estar fundado en la infidelidad. Pero nuestra desgracia es que, aunque termina en la infidelidad como en otros lugares, no necesariamente brota de la infidelidad. Se debe recordar que las sectas religiosas que se difundieron en Inglaterra hace tres siglos, y que son tan poderosas ahora, se han opuesto ferozmente a la unión entre la Iglesia y el Estado, y abogarían por la descristianización de la monarquía y de todo lo que le pertenece, bajo la noción de que semejante catástrofe haría al cristianismo mucho más puro y mucho más poderoso. Luego, el principio liberal nos está forzando por la necesidad del caso. Considerad lo que se sigue por el mismo hecho de que existen tantas sectas. Se supone que son la religión de la mitad de la población, y recordad que nuestro modo de gobierno es popular. Uno de cada doce hombres tomados al azar en la calle tiene participación en el poder político, y cuando les preguntáis sobre sus creencias representan una u otra de por lo menos siete religiones. ¿Cómo puede ser posible que actúen juntos en asuntos municipales o nacionales si cada uno insiste en el reconocimiento de su propia denominación religiosa? Toda acción llegaría a un punto muerto a menos que el tema de la religión sea ignorado. No podemos ayudarnos a nosotros mismos. Y, en tercer lugar, debe tenerse en cuenta que hay mucho de bueno y verdadero en la teoría liberal. Por ejemplo, y para no decir más, están entre sus principios declarados y en las leyes naturales de la sociedad, los preceptos de justicia, veracidad, sobriedad, autodominio y benevolencia, a los que ya me he referido. No decimos que es un mal hasta no descubrir que esta serie de principios está propuesta para sustituir o bloquear la religión. Nunca ha habido una estratagema del Enemigo ideada con tanta inteligencia y con tal posibilidad de éxito. Y ya ha respondido a las expectativas que han aparecido sobre la misma. Está haciendo entrar majestuosamente en sus filas a un gran número de hombres capaces, serios y virtuosos, hombres mayores de aprobados antecedentes, y jóvenes con una carrera por delante.

Tal es el estado de cosas en Inglaterra, y es bueno que todos tomemos conciencia de ello. Pero no debe suponerse ni por un instante que tengo temor de ello. Lo lamento profundamente, porque preveo que puede ser la ruina de muchas almas, pero no tengo temor en absoluto de que realmente pueda hacer algún daño serio a la Palabra de Dios, a la Santa Iglesia, a nuestro Rey Todopoderoso, al León de la tribu de Judá, Fiel y Veraz, o a Su Vicario en la tierra. El cristianismo ha estado tan a menudo en lo que parecía un peligro mortal, que ahora debemos temer cualquier nueva adversidad. Hasta aquí es cierto. Pero, por otro lado, lo que es incierto, y en estas grandes contiendas es generalmente incierto, y lo que es comúnmente una gran sorpresa cuando se lo ve, es el modo particular por el cual la Providencia rescata y salva a su herencia elegida, tal como resulta. Algunas veces nuestro enemigo se vuelve amigo, algunas veces es despojado de esa especial virulencia del mal que es tan amenazante, algunas veces cae en pedazos, algunas veces hace sólo lo que es beneficioso y luego es removido. Generalmente, la Iglesia no tiene nada más que hacer que continuar en sus propios deberes, con confianza y en paz, mantenerse tranquila y ver la salvación de Dios. “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz” (Salmo 37,11).

Fuente:]]> La Buhardilla de Jerónimo]]>

Comentario Druídico : El santo padre Benedicto XVI ha querido canonizar personalmente al Card. Newman. Quiera Dios infundirle, por intercesión del beato inglés que tanto bien legó a la que fuera "la isla de los santos", una firme convicción sobre la necesidad de actuar contra el liberalismo, comenzando por depurar los documentos fuertemente contaminados por esta doctrina que produjo el Concilio Vaticano II.

Comentarios

Buen chiste

Jajaja, muy buen chiste, González. Pero ponga "(risas)", porque sino queda como que lo dijo en serio. Es muy probable que el Papa no se haya enterado de la opinión del Card. Newman en esta materia o, de última, que le parezca fantástica su opinión, para su época...

De veras, el tema del liberalismo es un punto más que débil en Benedicto. Debe ser el Papa más liberal de toda la historia de la Iglesia. Fíjese que al pisar el país símbolo de la judeomasonería (USA) ha dicho que lo que le encanta de EE.UU. es que empezó con un concepto "sano" de laicidad, haciendo clara alusión a las 13 colonias americanas que disparaban de la monarquía inglesa y de la "Iglesia Anglicana". Si hay algo bueno que tienen los anglicanos es el unir su religión con la monarquía (salvo por el detalle de que es una religión falsa). El caso es que el Papa está fascinado con esta gente que era "protestante del protestantismo". Es decir, lo que le encanta es que "cada comunidad religiosa conserve su identidad y nos enriquezcamos mutuamente" (tengo entendido que el Papa no ha llegado a decir semejante frase, pero la idea liberal-ecumaníaca es esa). John Henry Cardinal Newman, ora pro nobis.

Disculpe mi poco sentido del humor...

¿Cual es el chiste?

Encima no lo nota

El chiste radica en lo escrito a continuación de "una firme convicción sobre...". El Papa entronizando al liberalismo y usted pretendiendo que "depure" los documentos conciliares. En primer lugar, con una intervención divina todo es posible, pero humanamente que un Papa modifique textos de un Concilio es medio raro, si bien comparto plenamente su preocupación, González. Y en segundo lugar, para que ello ocurra el Pontífice tiene que pensar que al menos los documentos son peligrosamente ambiguos. Pero no; Benedicto está encantadísimo con las novedades del Concilio. Y cada vez que invoca la "hermenéutica de la continuidad", lo único que hace es terminar rompiendo más con la Tradición.

Le tengo un gran aprecio, González. Y sepa que entre la puja "acuerdistas" vs. "recalcitrantes", prefiero a los primeros. Pero a veces me parece medio ingenuo lo que escribe. Disculpe si tomó a mal lo del chiste, pero eso fue.






¿Por qué lee en partes?

¿Por qué toma sólo la parte que sigue a continuación de "una firma convicción"? ¿Por qué no lee toda la oración que empieza con un simple pero esencial "Quiera Dios infundirle"? Si así lee un párrafo de algunas oraciones, qué quedará para los documentos más extensos. Quien puede lo más; puede lo menos. Y a la inversa: quien no puede lo menos; no puede lo más. Y no es broma.

No le haga perder tiempo a Marcelo.

Me escondo en el anonimato, para no quedar correveidile de González.

Me parece que no entendió el comentario del Druida

Léalo bien. El druida es menos ingenuo de lo que muchos creen.

Hermenéutica (de la continuidad) en/de las palabras del Druida

Claro, si el druida dice "quiera Dios infundirle" la convicción de, es porque para que adquiera tal convicción, el Druida considera necesario algo así como una gracia infusa al efecto, o una "convicción infusa", ergo, está dando por cierto que tal cosa no está presente, o no tanto, como potencial esperable en el Papa. Y acaso considera también que tal tipo de convicción, firme, es necesaria para acometer esa tarea, más allá de concebirla o no en el etéreo mundo de las ideas -si es que llegara a concebirla en tal mundo-.

Es eso, ¿no?

El Convidado de Piedra (un tipo duro)

Rebuscados.

Tampoco seamos tan rebuscados. "Quiera Dios infundirle" es porque para todo lo bueno, se necesita de la Gracia de Dios, además de una decisión del hombre (si, si; no, no). Santo Tomás no escribió todo lo que escribió sin la Gracia de Dios; y no podemos pensar que el Aquinate fuese modernista.

Puede ser que el primer abad del Buey Mudo de Sicilia haya dicho: Quiera Dios infundirle la fortaleza de pensar y escribir correctamente.

¿Como lo ve, Tirso?

Don Juan Tenorio.

Don Juan, no sé si me

Don Juan, no sé si me respuesta que envié esta mañana fue censurada, o hubo un problema. Le copy pasteo lo entonces escrito (y veré si aparece).

Me parece bien, tiene verdad creo,  "para todo lo bueno se necesita de la Gracia de Dios".

Traté en mi comentario de hacer una hermenéutica de la visión druídica, ínsita en sus palabras y en el pequeño diálogo posterior al que me convidé.
Igualmente, si bien tiene razón, insisto en que probablemente el Druida quiera decir que para frenar el modernismo se requiere de una firmeza y fortaleza notables además de claridad (sintetícese en "firme convicción"), por eso además de "convicción" (atinente a la claridad) dice "actuar contra" (para lo cual es precisa la fortaleza, que va por el lado del "actuar" más que tanto del "pensar"). Y considero que ambas, o sobre todo la fortaleza habrán de ser superiores a las que le fueran necesarias al Aquinate que, si bien es cierto que él mismo en parte fue objeto de desconfianza por tomar a Aristóteles (para vencer la cual podría haberle sido necesaria fortaleza/convicción) la situación entiendo que era mucho más leve que la que implicaría para un Papa desbrozar los textos conciliares de sus problemas.
El tema respecto de lo que me dice, me parece más bien es si usted considera que los textos conciliares están "fuertemente contaminados por esta doctrina que produjo el Concilio Vaticano II"  y que por lo tanto hay que proceder a  "depurar".
En este sentido, me parece que el Druida y su dialogante "ven" lo mismo del problema esencial, por cuanto lo que el dialogante aduce como irrisión en el comentario druídico  (que Benedicto XVI combata al liberalismo, dadas, entre otras cosas, las declaraciones que señala, lo cual hace al dialogante ironizar sobre el tema)
entiendo yo que es lo que hace que el Druida,  captando justamente similar problema diga (gracias a las "semiiiillas de verdaaaad" contenidas en su religión pagana) lo que usted me contiende: "Quiera Dios infundirle".

Tengo la sensación de que este comentario mío de ahora, en el que aunque no sólo tomo el que usted me hizo sino que vuelvo sobre lo mismo -mi comentario anterior- es menos rebuscado que algunos textos del concilio. Pero usted podrá creer que soy pesado, y le diría entonces que será que de Piedra soy, Convidado.
Yo, como usted sabe, "no entiendo mucho", pero le aclaro que sí me parece, que algo huele a podrido en Dinamarca.
En todo caso, por supuesto, quien puede sancionar la cuestión de este "Quiera Dios infundirle" y su párrafo, dando su adecuada hermenéutica, sería el mismo Panoramix.
Pero..., asaz los vientos galos inspiren su espíritu para utilizar respecto de sus palabras, cual germen debilitado en una vacuna para reforzar a un organismo, una pequeña dosis e la ambigüedad que se señala para los textos conciliares que han dado lugar a tan variadas interpretaciones (así como todo el Concilio mismo). Ambigüedad que tal vez esté más en la lectura que en el texto.

¿No os parece que lo dijo el Druida está bastante claro en el sentido que vengo transitando? Quiera el Druida tomar la poción mágica (o convidarnos un poco...) para tener la convicción de aclarar el entredicho.

Le mando un cordial saludo

El Convidado de Piedra

Es cierto, es menos rebuscado.

Convidado (por lo menos lo convidan con algo):

Gracias por realizar detenida y caritativa aclaración. Estoy de acuerdo con las precisiones de su último posteo. Sucede que como alguno se refirió a que el comentario del Druída era una broma, en el sentido de que no podemos confiar en que del Papa salga algo tradicional, en tono un poco desesperanzador, intenté ver algo de Esperanza en el comentario druídico.

Si el Druida no tuviese Esperanza, jamás habría iniciado esta empresa que se llama Panorama Católico Internacional.

Quizás le contesté a Ud. pensando en un anterior comentario desesperanzador. Naturalmente, aquí no hay discusión, que su comentario es menos rebuscado que el CVII.

Quiera Dios darle la Gracia al Santo Padre para descubrir el error del modernismo o neomodernismo (ya no sé lo que es), abrir las ventanas a la Tradición y ventilar, de esa forma, el humo de azufre que hay en Roma (Paulus VI dixit).

Orémus pro Pontífice nostro Benedicto.

Don Juan Tenorio.

Bien, gracias. Sí, oremus pro

Bien, gracias. Sí, oremus pro pontifice nostro.

Yo, si bien no soy fraternitario, rezo regularmente también por el buen puerto y bien de las conversaciones FSSPX y Roma.

Saludos

El Convidado de Piedra

Manda decir el Druida

Que los desesperanzados serán Uds. porque él, pagano y todo, tiene muchas esperanzas. Lo que no tiene son ilusiones.

No fue censurado

Sino que se fue junto con un montón de bichos (¿no será obra de Mons. Koch?) que me están mandando desde hace un par de días. Es posible que se hayan ido otros involuntariamente, de modo que hagan el favor de escribir de nuevo. 

En cuanto a que el Druida aclare, lo dudo. Está que se lo lleva Tutatis por un dolor de cervicales. No hay poción que lo tranquilice.

Además, entre nosotros, el texto es bien claro. Qui possit capere, capiat.