En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos fieles,
Hace pocos días, hemos festejado a todos los santos, los miembros de la Iglesia triunfante. El día siguiente, y también durante todo el mes de noviembre, la Iglesia dirige su mirada y sus oraciones hacia las almas del purgatorio, los miembros de la Iglesia purgante.
El purgatorio, pues, existe. Nos lo dice la fe, el catecismo. Además, no puede ser más razonable. Sin el purgatorio “faltaría algo". La Iglesia celebra muchas Santa Misas por los difuntos. Ahora bien, los santos del Cielo no necesitan que recemos por ellos; tampoco los condenados al infierno pueden aprovechar los frutos del Santo Sacrificio. Luego, hay almas que no están en el infierno, ni en el Cielo, ¿Dónde están? En el purgatorio.
Sin duda, habéis presenciado algún entierro. La muerte es una realidad que nos amenaza. Acontecerá, moriremos, es cierto. ¿Cuándo? No lo sabemos. Pero, moriremos un día. Al llegar ese momento, sólo caben dos destinos: Con Dios: el Cielo; sin Dios, el infierno.
¿Y los que mueren con pecados veniales? Son de Dios. Están fijos en El. Pero necesitan quitar las manchas que oscurecen su vestido blanco.
El purgatorio es un lugar de sufrimiento, y no cualquier sufrimiento, un sufrimiento terrible. ¡“La mínima pena del purgatorio, dice Santo Tomás, excede la máxima de este mundo”! Un día, un alma del purgatorio apareció a una persona para pedirle oraciones que alivien sus penas; y antes de volver al purgatorio, la aparición tocó un candelabro que, inmediatamente, se fundió. Hermanos, el bronce o el latón, los materiales habituales de los candelabros, necesitan, para fundirse, de un calor de más o menos ¡1000 grados!.. Hagamos nuestro purgatorio en este mundo; es mucho menos doloroso que en el otro. A veces, se dice que el Cielo está muy alto y que se contentará con un lugarcito en el purgatorio.
- En realidad, quien habla así se olvida de la terrible intensidad del sufrimiento en el purgatorio, primero.
- En secundo lugar, se olvida que en el purgatorio no se puede adquirir méritos para sí y para los otros; hay solamente una purificación, una expiación personal. Pero en esta vida el sufrimiento aceptado en unión con Nuestro Señor es un instrumento de santificación y de salvación.
- En fin, hablar así (“me basta un lugarcito en el purgatorio”) es cometer un error de “balística” (como se dice en la artillaría), de puntería: cuando el blanco está muy distante, hay que apuntar alto, sino no se alcanzará el blanco. Del mismo modo, quien dice que vive de tal modo que por lo menos alcanzará al purgatorio y no al Cielo, corre el riesgo de irse debajo del purgatorio, al infierno. Pero, quizás se preguntan: ¿entonces, para alcanzar al Cielo, a que debemos apuntar si debemos dirigirnos a lo más alto? Respuesta: al Altísimo, a Dios mismo y por la búsqueda de la santidad, especialmente rechazando al pecado venial deliberado, y no sólo las faltas graves. Lo dice el santo Cura de Ars: “¡hay que ir al cielo como una bala de cañón!” (hoy diría el santo Cura: como un cohete)... En todo caso no como una mariposa o un murciélago.
Este fuego del purgatorio purifica las almas como el oro en el crisol. Esas almas, llenas de esperanza, tienden irresistiblemente a Dios, lo aman; saben que lo contemplarán en el Cielo, pero sufren mucho, porque nada impuro puede parecer delante de Dios, la Santidad infinita. Y también porque después de la muerte, se acaba el tiempo de la Misericordia, es el de la justicia divina con todo su rigor. ¡Como son infelices los difuntos enterrados en el ambiente de la liturgia actual donde no se reza para aliviar las penas de las almas del purgatorio! es una liturgia para honrar el bienaventurado que alcanzó, por supuesto, las moradas del Padre, ofrecerle flores y cantar aleluyas. ¡Ay, ay, ay! Este pobre difunto está, quizás, en el fuego del purgatorio, y necesita sobre todo la verdadera Misa, la ceremonia de la absolución, agua bendita y oraciones fervorosas para recibir un alivio y alcanzar el Cielo. Un día, un monje del Carmelo rocío una calavera con agua bendita (en esta orden era costumbre que los religiosos tuvieran una calavera en su celda para meditar sobre la muerte), y de repente la calavera se puso a pedir, con insistencia: ¡“más, más”!..
Queridos hermanos, cuidad las tumbas de vuestros seres queridos: flores, luces, coronas. Vayan a ellas con un poco de agua bendita. Demostradles vuestro amor. Pero la mejor muestra de cariño es rogar por ellos. Es lo único que les aprovecha para su salvación. Dice San Agustín: “Una lágrima por un difunto se evapora: Una flor sobre su tumba se marchita. Una oración por su alma, la recoge Dios”. En este mes de noviembre, pidamos todos los días por ellos y por todos los fieles difuntos. Son hermanos nuestros en Nuestro Señor Jesucristo. Es la primera lección del mes de los difuntos.
La segunda es que la vida es breve, “ni siquiera dos horas”, dice Santa Teresa de Ávila comparándola con la eternidad. La puerta de nuestra eternidad es la muerte. No termina todo con la muerte. Más bien, es el comienzo de la verdadera vida. Lo dice el prefacio: “vita mutatur, non tollitur”, “para tus fieles, Señor, la vida se muda, no fenece”.
Entonces, vivamos con esta santa esperanza y de tal modo que la muerte no nos sorprenda en estado de pecado mortal.
¡Pobres hombres que no tienen la fe y la esperanza cristiana! Según ellos, todo se termina con la muerte, entonces procuran gozar lo más posible en esta vida efímera antes de caer en el infierno eterno. Recemos, también, queridos seminaristas, queridos fieles, por los 156.000 seres humanos que, cada día en la tierra, atraviesan la puerta de la Eternidad, esto es: 108 por minuto.
Que la Santísima Virgen convierta a los pobres pecadores, especialmente a los que están agonizando, y alivie a las santas almas del purgatorio.
Ave María Purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Anexo: Interesante video del Museo del Purgatorio
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Comentarios
Y se queda corto
Nótese también que al eliminar la oración "Líbera nos, quaesumus Dómine, ab ómnibus malis, praetéritis, praeséntibus et futúris..." y dejar solo "liberanos, Señor, de todos los males, da propicio la paz en nuestros días..." nos deja solo con una oración por los males presentes y sin la posibilidad de rogar por las penas temporales del pecado (pasado y de nuestros antepasados); una verdadera lástima.
Alguien que me explique,
Alguien que me explique, santo Tomas habla de un lugar, de calor, etc y el Beato Juan Pablo II dice que son un estado (junto al infierno y el cielo) que no son lugares fisicos, a quien le creo??? No se, alguien me puede ayudar???
San Ignacio de Loyola
San Ignacio de Loyola recomendaba "salvar la proposición del prójimo".
En el fondo y bien mirado, Santo Tomás y el Papa Juan Pablo II no se contradicen. Ciertamente, el Infierno es un lugar, o debe serlo, porque los condenados serán arrojados a él en cuerpo y alma, como se dice en el Apocalípsis que le ocurrirá al anticristo y sus "asesores" y donde se sufrirán las penas de daño y del sentido más la más perfecta desesperanza; luego, es preciso que haya espacio y, en tal caso, se le puede llamar justicieramente un "lugar". Pero asimismo es un estado, definitivo en caso del Infierno, que afecta a todo el hombre. Y es un estado porque no lo propio del ser humano, el fin para el cual fue creado, que es la unión indefectible con Dios; luego, puede llamárselo, pues, "estado" con acierto, aunque dure para siempre.
El Purgatorio en cambio no necesariamente debe ser un lugar, pero no lo sabemos con certeza, pero sí, que es un estado propio del alma separada del cuerpo que debe purgar, por medio de penas semejantes a las de daño (sin llegar a constituir lo principal de ella, que es la privación eterna de la visión beatífica) y otras del sentido, aunque de un modo espiritual, los defectos e imperfecciones que ha dejado el pecado en el alma. Muchos doctores coinciden en que se trata de una pena que se dirige a la voluntad, a fin de purificarla de los deseos terrenales que no han sido extirpados y que han causado alguna separación del fin de todo hombre: Dios mismo. A él, al Purgatorio pues, son conducidas las almas, no los cuerpos, de quienes deben ser purificados antes de entrar a la Presencia de Dios plenamente, con la plenitud de las almas, que no es de la misma calidad de la que gozarán los resucitados, pues volverán éstos a ser hombres, seres humanos, compuestos de cuerpo y alma. Y su gozo será entonces perfectísimo.
Los protestantes en general no creen en el Purgatorio, aunque los de ahora casi no creen en nada; los ortodoxos rezan por los fieles difuntos, pero no tienen una teología del Purgatorio como los católicos. Algunas iglesias orientales sí creen en la existencia del Purgatorio.
La gran diferencia entre el Infierno y el Purgatorio, además de la ya apuntada, es que en éste se podrá purificar el alma en orden a la visión beatífica, mientras que en el primero, ya no. Y esto mismo explica el carácter temporal, transeúnte del Purgatorio y definitivo del Infierno.
Espero haberle sido de utilidad.
Godofredo P.
La proposición del prójimo
Pero también enseñó S.Ignacio el "EN TANTO Y EN CUANTO". ¿Me puede salvar las proposiciones de "Nostra Aetate" o de "Lumen Gentium" respecto del MISMO DIOS adorado por los moishes y los muslimes CON NOSOTROS? ¿ O de JPII cuando en su "R:H" afirma que "Cristo se ha unido a todo hombre DESDE EL SENO MATERNO?¿ O de Benedicto Papa cuando dice "el Dios de Jesucristo"(Alemania 2011)? ¿O las de los "Cristianos anónimos" de Karl Rahner, o la del "Cristo Cósmico" de Theilard de Chardin? etc.etc.
Cordialmente. Entantoyencuanto.com.ar
Coincido, amigo Godofredo.
Ahora bien, hay cosas que llaman la atención. Juan Pablo II creía que el infierno está vacío. al menos así lo mandó representar por medio de las pinturas que mandó realizar en su (horrible) capilla privada. Para ser exactos, lo pintó tapado con una cortina apenas descorrida, en la que no se ve a nadie. No sabemos si hay alguien detrás de la cortina.
Lo que quiero decir es que se debe salvar la proposición del prójimo, pero no se debe ser salame. Y es evidente que al menos creía en un infierno "devaluado"... ¿O acaso ha hablado del infierno en algún documento oficial de sus casi 27 años de gobierno en los términos inequívocos en los que ha hablado la Iglesia desde siempre?
Detrás de la cortina
Seguramente estaba VonBalthasar, su "Polonio" privado, quien le enseñó esa teoverdura, y quien sería el primer habitante.
Con respeto.
Vaticano II
LOCUS ET STATUS
LOCUS (lat.)= SITUACIÓN
STATUS (lat.) = ESTADO
No es INCOMPATIBLE. Necesariamente el ESTADO de algo supone una SITUACIÓN que puede ser física o espiritual.
De todos modos es UN LUGAR.
Hay que creerle a los Santos. Beato JPII NO ES SANTO.