Estamos en continuo contacto con la realidad eterna y con la terrena, realidad que sólo admite una postura: vivir en la Iglesia de siempre. Es cierto que, en alguna ocasión, el hecho de tener y propugnar la verdad, algunos lo interpretan falsamente como un acto de soberbia, como si nos preocupáramos de salvaguardar un derecho a nuestra vanidad personal, cuando cumplimos estrictamente un enojoso deber. Llena de dignidad cristiana aparece la figura de San Pablo, mientras se defiende de los que le iban a azotar, declarando su condición de ciudadano romano; y cuando con decisión expone al tribuno, que afirma que él consiguió con dinero ese privilegio, ego autem et natus sum (Act. XXII, 28), yo lo soy por nacimiento. San Pablo no teme ser acusado de soberbia porque proclama la verdad, en cosa que se refiere a él mismo: si he hablado antes de dignidad cristiana y de firmeza, ahora lo alabo por su valentía.
Dignidad, firmeza, valentía. Resulta difícil descubrir gentes que procedan con esa reciedumbre. Por eso, vienen ganas de gritar: ¿dónde estás, Señor, que no te siento: que no te veo, que no te oigo, que no te toco? Y me responde con palabras del Salmo: si ascendero in caelum, tu illic es: si descendero in infernum, ades (Ps. CXXXVIII, 8); me encontrarás en las alturas del cielo, lo mismo que en los abismos. Y en cada persona, en cada suceso, en cada instante, en cada latido de tu corazón. Adelante, pues, a no olvidar que la verdad no tiene más que un camino.
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Comentarios
Y de este otro?
San Josemaría Escrivá
Y su Santidad Bendicto XVI está de acuerdo...
Es el año de San Pablo...
Respuesta
Lo encontré en Panorama Católico!
Parece, Mons. Lefebvre,
Viniendo de esta web seguro