Por regla general, los que sostienen las tesis sedevacantistas defienden un alto concepto de la autoridad del magisterio de la Iglesia. Si llegaran a comprender que puede disolverse el dilema planteado por el magisterio conciliar sin atentar en lo más mínimo contra la autoridad del magisterio tradicional, no solo en el campo en que se juega la infalibilidad sino también en todo el ámbito de su magisterio, no se verían ya obligados a embarcarse en explicaciones tan llenas de oscuridades.
Ni los “sedevacantistas” estrictos ni los mitigados (vacancia formal pero no material) pueden – ni siquiera pretenden – demostrar que Monseñor Roncalli o Monseñor Montini no fueron o dejaron de ser formalmente Papas de manera notoria y antecedente a las declaraciones conciliares. Aún concediendo que tuvieran un intención habitual y objetiva contraria al bien común de la Iglesia que fuera equivalente a una apostasía : mientras no sea notoria, no les impide ejercer la suprema autoridad pontificia. Si en estas condiciones ejercen el magisterio en un modo infalible, por la asistencia del Espíritu Santo lo que enseñan sería verdadero y todo católico debería aceptarlo.
No es lícito de ninguna manera el argumento hacia atrás (“quia”): “Las declaraciones conciliares deberían ser infalibles y son notoriamente falsas, por lo tanto el Papa carece de autoridad”. Tal discernimiento es válido para el magisterio interior del Espíritu Santo, que también es infalible: “Si lo que parece iluminación de la gracia resulta ir contra la fe o las buenas costumbres, ciertamente no está asistido por Dios”. Pero el magisterio de la Iglesia no es interior e invisible, sino exterior y manifiesto.
Si a los ojos de todos habla la autoridad suprema de la Iglesia, y el modo manifiesto como se expresa implica infalibilidad, lo que dice es verdadero o fallan las promesas de Jesucristo. Juzgar la rectitud doctrinal de una sentencia es muchas veces difícil aún para el buen teólogo, por eso para las verdades fundamentales Nuestro Señor nos dejó solamente el trabajo de discernir cuál es la autoridad y cuándo nos obliga a creer cuando enseña, prometiendo asistir a su Iglesia para que en esto no hubiera nunca posibilidad de engaño.
Además, al recurrir a lo que los grandes teólogos escolásticos han dicho acerca de la posibilidad de un Papa hereje o cismático y las consecuencias respecto a la posesión del pontificado supremo, no puede dejarse de lado el presupuesto inicial de todos ellos: Tratan del Papa como persona privada y no como doctor de la Iglesia. Ahora bien, el problema del nuevo magisterio nace nada más ni nada menos que ¡en los documentos de un concilio ecuménico! Cayetano, Suárez y Bellarmino se levantarían indignados contra el uso de sus disquisiciones en este campo. ¿Con qué derecho se asimila el magisterio del órgano supremo de la Iglesia con el magisterio de doctores privados? Si, también nosotros asimilamos la autoridad del magisterio conciliar a la del magisterio personal de un teólogo – de un mal teólogo para colmo -, como lo terminaremos de mostrar en los artículos siguientes, pero el “quid” de la cuestión está en explicarlo sin minimizar la autoridad del magisterio tradicional. Solo después de mostrar cuál ha sido el mecanismo que ha dejado a la enseñanza de todo un Concilio sin la asistencia del Espíritu Santo, sólo entonces podría discutirse si los Papas conciliares han perdido la suprema autoridad como consecuencia de aquellos actos manifiestamente contrarios al bien común de la Iglesia.
Para poder afirmarlo tendrían que implicar una herejía, apostasía o cisma notorio. Pero aunque el modernismo liberal es en su esencia la peor de las herejías, la sincera y perseverante voluntad que ha tenido durante los últimos siglos de conciliar el pensamiento moderno con la fe tradicional lo ha llevado a engendrar una confusión tal, que hoy en los seminarios y colegios católicos conviven codo con codo desde el teólogo más herético al más ortodoxo, pasando por todos los grados intermedios. Si se quiere penetrar en la doctrina profunda del Novus Ordo Missae aparece un pensamiento totalmente heterodoxo, pero no deja de ofrecer asideros para que muchos teólogos lo expliquen todo de modo católico. El ecumenismo del Papa no parece distinguirse en nada del sincretismo masónico, sin embargo condena el sincretismo, habla de respeto por la persona del prójimo y da pie suficiente para que más de un teólogo concilie sus propósitos con los de Pío XI en Mortalium animos.
Al católico que ha evitado el contacto con este ambiente de confusión que envuelve prácticamente a toda la Iglesia, le cuesta creer – lo sabemos por experiencia – que personas con recta intención puedan conciliar a tal grado la luz con las tinieblas, pero los sofismas que realizan este milagro han alcanzado un altísimo grado de perfección. El resultado de todo esto es que en los Papas conciliares no se hace notoria la mala fe del herético o la mala voluntad del cismático. Y no se nos pida probarlo porque, con perdón del Lector, la no notoriedad es algo notoria y no se demuestra lo manifiesto: la gran mayoría de los católicos bien formados de hoy, que advierten la intrínseca malicia del magisterio conciliar, no consideran que los Papas hayan dejado de ser Papas.
Los que recurren a la Sedevacante para resolver el enigma de la esfinge conciliar se ven obligados a dar una serie de dudosas explicaciones para salvar los múltiples problemas que surgen ante la permanencia en la Cátedra de San Pedro Papas que no son Papas pero que todos los consideran tales. Es cierto que la distinción formal-material en la ocupación de la sede pontificia ha sido utilizada muchas veces por los teólogos, como en tantas otras cuestiones. También es cierto que hay que distinguir entre el poder de elegir al Papa que posee la Iglesia y el poder de conferirle su autoridad que posee solo Cristo. Pero parece imposible que un obispo electo no reciba la autoridad de Cristo y sin embargo pueda aceptar validamente la elección, como si el óbice que impide lo primero no impidiera también lo último. Si el electo tiene una intención de tal modo contraria a la requerida en un Papa que impidiera la recepción del poder pontificio por parte de Cristo – por hereje, cismático o perverso -, también seria óbice para la aceptación válida de la elección.
Los teólogos hablan de ocupación puramente material de una sede solo cuando hay usurpación ilegítima por parte del obispo. Así como, en la generación, de la disposición de la materia por parte de los padres se sigue necesariamente la creación del alma por parte de Dios, de la elección válidamente aceptada por parte de la Iglesia se sigue la comunicación de la potestad por parte de Nuestro Señor. Las disposiciones requeridas para aquello son las mismas que para esto. Por regla general, los que sostienen las tesis sedevacantistas defienden un alto concepto de la autoridad del magisterio de la Iglesia. Si llegaran a comprender que puede disolverse el dilema planteado por el magisterio conciliar sin atentar en lo más mínimo contra la autoridad del magisterio tradicional, no solo en el campo en que se juega la infalibilidad sino también en todo el ámbito de su magisterio, no se verían ya obligados a embarcarse en explicaciones tan llenas de oscuridades.
Alvaro Calderón, La Lámpara Bajo el Celemín, págs. 54 a 56.
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Comentarios
Si quieren reirse un rato...
Hermanos el sedevacantismo es contrario a la tradicion
Cuando el Papa contadice a Cristo
Pésimo comentario como ya son muchos en Panorama
Vete a hacer un retiro ignaciano...
Esa idea sí que me agrada. . .
sorry ...
Agradezco, Sr. Moderador González su atenta respuesta.
Estimado Pedro R.
Esto es una matufia...
comentario
A Tomás el malvado...
Estimado Marcelo y estimados
No seas chillón Mago Capria, aprende a tomar las bromas . . .
Permitaseme terciar y tomar partido
Amigo Pedro,
humilde comentario a su comentario
No es lo más grave que ha dicho
Sedevacantes II
Joel, tiene razón... pero
TOMAS.
Perdón, CARLISTA, y Marcelo de paso. . .
Estimado anónimo,
Marcelo no soy anónimo, soy Luis Osio, lo que pasa es que ya se
Marcelo, lo sagrado es la doctrina, no el puesto cuando se
Tu modo de servir a la verdad
Claro que ...
Pero CARLISTA, eso ya lo daba yo por descontado una y mil
Ninguna ...
Por que en este caso el "perdón" equivale a disiento. . .
Respuesta de Tomas, El Pecador de Negligencia
Tomas
Este tema siempre hiede...
Un agravio, un portazo y chau refutación...
Catoliquitos de Cafe...
Queridos
Entonces ...
Flojito lo suyo, Tomás...
sedevacantistas
A todos los necios que aquí abundan
Deja las pezuñas y rebuznos para otro lugar, Luis
Momento Marcelo, ni siquiera consideré tu frase de . . .
Mas vale, Osio, que consideres esta frase:Prima Sedes
Pero Marcelo ¿qué te pasó? . . .Creo que te caíste de cabeza.
Ave, supremo augur de las profecías...
tan hipocritas
Me dan gracia (o pena)
No sea burro, ni siquiera entiende entre interpretar la Biblia
Ya veo Luis,,, no es que era dabatible?
A: "Yo el burro", sin patadas. . .