El Sr. Alelandro Bayer se ha tomado la molestia de hacer una reseña de lo que llama mis “contradicciones”. He dudado sobre publicar o no este largo post. Obviamente, el publicarlo me obliga a una respuesta y siendo tan largo y además de carácter personal temo aburrir a los lectores o colocarme como centro de una discusión que no tiene importancia alguna. En lo personal, las contradicciones en las que incurra no creo tengan interés para nadie.
Dice un lector sobre el malhadado tema de los preservativos y las recientes declaraciones del Papa Benedicto en su libro Luz del Mundo:
Me parece que el centro de la cuestión es simple: dado un acto que es malo (y eso Su Santidad, lo deja claro, por más que cierto periodismo deforme), nada impide que pueda ser mejor o peor (accidentalmente). Si es así es mejor que se dé en la forma menos mala que en la peor. Y esto es doctrina cierta y antigua, mucho anterior a cualquier elaboración escolástica, renacentista, conciliar, etc. ¿Hay quién pueda contradecir esto?
Hay algún requisito previo para recibir la Unción de los enfermos? El parroco de la catedral de mi provincia, no quiso administrarlo a una niña porque dijo que era necesario que hubiera hecho la Comunión. A mí me parece que no. El catecismo no dice nada sobre esto, pero quiero asegurarme para enseñarle como es si corresponde. Gracias.
El singular debate surgido del artículo Primera Misa en el Territorio de la Argentina, se ha enriquecido de tal manera que parece necesario continuarlo en forma independiente. Referimos a ese intercambio, por momentos bravío, para quienes no estén en antecedentes, y con la licencia de todos los amables comentaristas que participaron en aquel (y seguramente participarán también en este) damos comienzo con un texto que por su calidad y espíritu merece distinguirse como artículo. Va dirigido a Dardo Calderón por Ludovico Ben Cidehamete, pero es un desafío a todos los argentinos. Y a todo el mundo hispano. ]]>![cdata[Ver antecedentes aquí.]]>![cdata[
Habiendo leído con sorpresa e interés la polémica que lanzó el artículo "Ante el desastre natural producido en Chile", y muchos comentarios atinados, me ha quedado una duda, sin embargo, sobre el punto en cuestión.
El principal argumento contra la teoría del "castigo divino" por medio de desastres naturales ha sido este: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Dios no quiere la perdición del pecador, sino su salvación.
Nada que objetar, más bien por el contrario, estas afirmaciones son sólidas verdades católicas.
En realidad, esta discusión es una derivación del tema del artículo, pero interesantísima, puesto que toca un tema central: el valor del magisterio conciliar de Vaticano II, que ha sido cuestionado no solo por la fracción tradicionalista (FSSPX y afines) y que constituye el tema de fondo de sus discusiones doctrinales en curso en Roma, sino también, con la aparición del libro del Mons. Brunero Gherardini, (El Concilio Vaticano II, un debate por abrir) quien en una derrota intelectual similar a la de Romano Amerio, desde fuera del tradicionalismo, concluye en términos sorprendentemente parecidos. Con el valor agregado de que Mons. Gherardini fue profesor de universidades romanas hasta su retiro, muy respetado por sus cualidades intelectuales y no cayó en el cono de sombra proyectado sobre el ahora redescubierto Amerio.
La discusión vale la pena. Hemos convocado a los interesados para un nuevo artículo ad hoc, en el cual se ordenen los temas, se recapitule y al menos se concluya en cuales son las tesis postuladas. Por eso no hemos publicado dos respuestas, una de Fr. Ercoli y otra de Lambertín, dos de las principales espadas del debate junto con el Padre P. Se incluirán en el artículo anunciado.
Reiteramos aquí el mensaje mediante el cual hemos convocado a una semana de descanso y recapitulación.
En un post más adelante, un comentario anónimo pide un cable a tierra para discernir todo lo expuesto hasta aquí en materia de falibilidad o infalibilidad de los textos, o de algunos de ellos, del Concilio Vaticano II.
Sabiamente pone un pie en el freno. Esta discusión, provechosa en tantos aspectos, se ha complicado en exceso, sobre todo porque se abrió demasiado y porque el sistema de respuestas a veces nos enreda demasiado.
Como Moderador, propongo y dispongo un cuarto intermedio. Me comprometo a plantear el tema en un artículo recapitulatorio ad hoc, tratando de retomar fielmente las líneas centrales de argumentación de modo que con la cabeza fresca y los datos resumidos podamos llegar a buen puerto.
En tanto sugiero a los interesados que no tomen pasos drásticos, tales como perder la Fe o cosas por el estilo. Hay un problema que es evidente a todos: los textos del CVII tienen afirmaciones que en apariencia para algunos y con toda certeza para otros contradicen el Magisterio.
Las consecuencias son:
1) el CVII no es Magisterio auténtico, al menos en aquellos documentos que incurren en esta contradicción. (línea FSSPX)
2) o, el CVII sí es Magisterio auténtico, y lo que falla es la interpretación. (línea hermenéutica de la continuidad)
3) o, el dogma evoluciona, por lo tanto el Magisterio puede cambiar sobre temas ya definidos (línea hermenéutica de la ruptura) que no se ha visto representada aquí por expositores, según creo.
4) o, todo concilio ecuménico es infalible, de modo que donde el CVII yerra demuestra que ni Juan XXIII ni Paulo VI ni sus sucesores fueron verdaderos papas o al menos dejaron de serlo en algún momento, (línea sedevacantista).
Solicito que privadamente se me envíen sugerencias para esta recapitulación. moderador@panodigital.com
Finalmente, en uso de mi autoridad de moderador, anuncio que no publicaré en este artículo nuevos comentarios referidos al tema, invitando a los lectores a hacerlos en el artículo que anuncio.
Propongo un vacatio de una semana para enviar sugerencias.
Agradeciendo a todos su tiempo y su interés, continuamos esto en los próximos días por correo privado.
Siempre el Quijote me creó un interrogante. A la luz del paganismo mágico, fantasioso, utópico o ideológico como diríamos hoy, por las que el diablo escapa a la realidad que canta las maravillas del Señor y alimenta a los suyos con fantasías, vino el Mesías a mostrarnos una realidad contundente, con Cristo o contra Cristo, la Verdad y el reino o la mentira y el infierno. por eso entiendo que la palabra de la Verdad es razón, realidad suprema y lógica inapelable.
Han pasado varios días y a pesar de que el tema ya no se encuentra en el mail de hoy quisiera retomar y comentar lo dicho por los lectores sobre el Milagro Eucarístico en Buenos Aires.
No soy un católico ilustrado ni escribo florido y lleno de citas, mantengo la fe que me inculcaron mis padres y ayudaron los salesianos del San Francisco de Sales y la teología universitaria de la UCA.
Relato mi propia vivencia y que cada uno saque sus propias conclusiones.
Por falta de formación en los aspectos pertinentes, no entiendo qué puede ser anticatólico, ni qué puede tener de inmoral en general, ni en qué habría daño social, en discursos de Sarmiento como este. ¿Podría leerlo yo como parte del acto docente correspondiente? Y si no tuviera más remedio que hacerlo, ¿que precauciones o reinterpretación debiera señalar a los alumnos secundarios que lo escuchen? Desde ya, gracias. TERESITA.
Entonces una pregunta: si la persona fue mala toda su vida ¿va a irse al cielo por rezar por ella? Entonces ¿dónde queda la fe y la buena obra? Yo nunca he visto en los libros judios cosa alguna de rezar por muertos. Esta bien rememorar pero acaso ¿tengo yo potestad para librar del infierno a alguien?