Fiestas Litúrgicas y Propios de sus misas

La devoción a María Inmaculada fue la preferida de los descubridores y conquistadores y la que arraigó mas hondamente en la América Española. Prueba de ello son los numerosos títulos y advocaciones de la Virgen existentes en estos países. En la Argentina, en el Uruguay y en el Paraguay el mas famoso es el de Nuestra Señora de Luján,venerado aquí desde hace mas de 300 años. Su sagrada Imagen quiso quedarse en Luján y por modo milagroso, para ser la madre del pueblo Argentino y la “Perla del Plata”, y atraer desde allí los corazones de todos los buenos cristianos. 

MIÉRCOLES  DE CENIZA

I Clase  - Ornamentos morados

La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos.

I Clase - Ornamentos blancos

   “Hoy María Virgen subió a los cielos: alegraos, porque con Cristo reina para siempre”. Es el grito de la Liturgia y de la fe cristiana, dos veces milenaria.

   La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, no convenía, no podía, no había de sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y en seguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angelicales.
   Desde su vistoso sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente “omnipotencia suplicante”. Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivos, que son más que legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa como madre e intercesora, la “llena de gracia”, la “más bendita de todas las mujeres”.

DOMINGO 8º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

   Recibió la Iglesia en las solemnidades de Pentecostés las efusiones del Espíritu Santo, y la liturgia de hoy nos demuestra los benéficos resultados de las mismas.

   Uno de ellos, y no el menor, es la gracia de la divina adopción, en virtud de la cual podemos llamar Padre a nuestro Dios, con derecho a la herencia del cielo (Ep.).

Mas si vivimos por Dios, preciso es que vivamos también para Dios (Or.) y que en todo nos dejemos guiar por el Espíritu de Dios (Ep.); y así pueda acogernos algún día en sus eternos tabernáculos (Ev.). He aquí la verdadera sabiduría, que pide la Iglesia en la oración y que alaba el Evangelio, porque ella sabe prevenir con prudencia y sagacidad nuestro recibimiento en los “eternos tabernáculos”.

   Al evocar la liturgia en estos domingos la figura de Salomón y de su magnífico Templo, podemos dirigir la mirada a ese otro templo que somos nosotros mismos, dedicado a Dios por el bautismo y convertido tal vez por nosotros en guarida de ladrones y de mil siniestras alimañas de pecados, que lo ensucian y profanan.

   Pues si así fuere por desgracia nuestra, habría que limpiarlo con la escoba de Lázaro, con una condigna penitencia.

Además, el Templo salomónico es figura del grandioso Templo del cielo, en donde Dios mora con sus Santos y en que los regala con sus delicias sin fin y sin medida. En ese mismo templo entraremos también nosotros si es que vivimos según el espíritu, y matamos las obras de la carne; entonces, y sólo entonces seremos verdaderos hijos de Dios, herederos suyos y coherederos de Cristo; el cielo será nuestra rica herencia (Ep.).

   Para ingresar en los eternos tabernáculos, conviénenos también allegar riquezas y méritos, de ésos que el ladrón no roba y la polilla no carcome, hacernos amigos, tener como amigos a los Santos moradores de aquel templo; imitando así a aquel mayordomo previsor, a quien alaba Jesús en el Evangelio, no tanto por sus malas artes y su deslealtad para con el amo, cuanto por su intuición clara del futuro. Porque sucede, por desgracia, que los hijos de la luz somos menos despiertos que los de las tinieblas, y eso que nuestros negocios son de harto mayor cuantía que los suyos, yendo en ello nada menos que nuestro bienestar eterno.
             

Uno de los medios más aptos para conseguir que Dios nos reciba en sus eternas moradas es dar limosna al que la hubiere menester, limosna espiritual, como un buen consejo, una justa reprensión, un cariñoso consuelo; limosna material, como un poco de pan al hambriento, un trapo para el harapiento y desnudo. Si practicáramos esta virtud, poco o nada tendremos que temer cuando el Señor universal nos venga a pedir cuentas de la administración de nuestra alma, y de los bienes y gracias que en nosotros depositó para granjear con ellos (Ev.).

  

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

DOMINGO 7º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

II Clase  - Ornamentos verdes

   El Espíritu Santo sigue siempre pausadamente, calladamente transformando, divinizando la faz sobrenatural de la tierra. Es sal de la Sabiduría, que sazona al mundo, que purifica las almas, que las madura con sus divinales fuegos para la vida eterna.

   Ese divino Espíritu tiene razón de Don, y entre los Dones el más augusto y preciado es el de Sabiduría, tan solicitado por la Iglesia ya desde estos domingos, y sobre todo en los de agosto, al recordarnos en maitines las figuras de David y de Salomón.

   Ambos fueron grandes amantes de la divina Sabiduría, que nos hace sacar gusto a Dios, y enjuiciarlo todo según su certero y sapientísimo criterio: “Esta es aquella Sunamitis tan ferviente que calentaba al anciano David, tan casta que no le incitaba la libídine.” Esta pidió también el joven Salomón como esposa al tomar las riendas del gobierno; ésta finalmente constituirá para los elegidos las delicias del cielo. “Videnti Creatorem angusta est omnis creatura”, al que ve al Creador, dice S. Gregorio, parécele poquita cosa cualquier criatura, charquitos de agua turbia, frente a las aguas vivas de una fuente caudalosa.

   Los pingües frutos de esta celestial Sabiduría hállanse enumerados en la Epístola de hoy; y, en cambio, el fruto y paga del pecado es la muerte, además de la vergüenza y del torcedor de la conciencia que le acompaña y que le sigue.

   Por nuestra vida y por los frutos que rindamos se conocerá qué tal árbol somos (Ev.), pues no está todo en tener buenas palabras, sino en la Sabiduría y cordura, que el Espíritu Santo comunica a los que de É1 se dejan dócilmente guiar, traduciéndose luego en obras buenas y de edificación. “Preciso es, dice S. Agustín, que manos y lengua vayan a la par; y que mientras ésta glorifica a Dios, aquéllas obren.” “Las palabras placenteras y los aires de mansedumbre deben ser evaluados por el fruto de las obras, dice S. Hilario; porque a menudo sucede que la piel de oveja sirve para ocultar la ferocidad del lobo” (3º Noct.).

   Tenemos, pues, en el pacífico Salomón una figura de Cristo, el cual dijo cierto día: “Éste que veis es más que Salomón.” A Él debemos escuchar (Grad.) porque tiene palabras de vida eterna. Él es la sabiduría misma del Padre.

   Pidamos al Señor, mantenga nuestra vida en los caminos de su justicia, aparte de nosotros todo lo nocivo, y nos conceda todo lo saludable (Or.).

   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.                 

 


   El objeto de esta fiesta es la conmemoración solemne de la Institución del Santísimo Sacramento de la Eucaristía. El Jueves Santo, que fue su día propio, se celebró una fiesta incompleta, debido al luto que, en aquella fecha, cubría a la Iglesia. Hoy ésta despliega sus galas, y por espacio de ocho días enteros se deshace en cánticos y alabanzas a la divina Eucaristía. Y no bastándole el recinto del templo ni la quietud del santuario, se derrama por las calles y plazas de pueblos y ciudades en devoto y bulliciosa Procesión, paseando en artísticas custodias y bajo palio al Rey de reyes, encerrado en la Hostia consagrada. Es el Rey del pueblo, el Rey de la ciudad, el Rey de todos.¡Paso al Santísimo Sacramento! ¡Para Él campanas, para Él las salvas de los cañones! Y que Él , en cambio, bendiga y consuele a los que lo pasean en triunfo, reconociéndolo como Dueño y Señor. 


II Clase - Ornamentos Blancos
Domingo del “Buen Pastor”

   Este Domingo se llama del Buen Pastor. San Pedro, a quien Jesús resucitado constituyó cabeza y Pastor de su Iglesia, nos dice en la Epístola, que Cristo es el Pastor de las almas, que eran a modo de ovejas descarriadas, por las cuales Él vino a dar su vida y a reunirlas en un aprisco en torno suyo.
   El Evangelio nos trae la parábola del Buen Pastor(1) que defiende a sus ovejas contra las incursiones del lobo y las libra de la muerte (Or.). Anuncia asimismo que los paganos vendrán a unirse con los Judíos de la Ley Antigua, para no formar sino una Iglesia, un solo rebaño y un solo Pastor.
   Jesús los reconocía por ovejas suyas; y, lo mismo que los discípulos de Emaús, estas reconocen a su vez que Cristo ha resucitado (Allel.) y levantando hacia Él los ojos (Of.), le manifiestan su agradecimiento por tan inefable dignación (Intr.).
   Apretémonos todos junto al divino Pastor de nuestras almas escondido en el Sacramento, y cuyo representante visible es el Papa.
   Podemos con razón decir a Jesús resucitado aquello del salmista: “¡Oh Jesús! Nosotros, nosotros los cristianos, somos tu pueblo y las ovejas de tu manada”; y Tú eres nuestro Pastor que moriste y resucitaste por tu rebaño. ¿Qué pastor hace lo que Tú hiciste por tus ovejas, que no contento con apacentarlas por los parajes más amenos y buscarlas cuando se extravían y cargarlas sobre tus hombros, vertiste toda tu sangre por rescatarlas del lobo carnicero? Pero ni eso te bastó. Otros pastores viven de la leche y de la carne de sus ovejas y se visten de sus lanas. Tú en cambio nos das en alimento tu propia carne y sangre como vehículos de tu misma divinidad, y nos revistes con tu santidad y justicia. Pues ¿qué pastor alimentó a sus ovejas con su propia sangre? (S. Agustín). Y sin embargo, esto lo hiciste Tú “Príncipe de los pastores” y “Pastor magno de tus ovejas”. Viniste al mundo no para matarlas y perderlas, sino para que tengan vida y vida sobreabundante. Por eso sales hoy a las calles a buscar en las casas a tus ovejitas enfermas que no pudieron venir a recibirte(2). ¡Surrexit Pastor bonus! ¡Resucitó nuestro buen Pastor, y juntamente con Él resucitamos nosotros! “Pues si el Señor me pastorea nada me faltará”, puede decir a boca llena el alma cristiana con el salmista. “Aún cuando anduviere envuelto en sombras de muerte, no temeré, porque Él está conmigo y me ha preparado una regalada mesa, y su misericordia me seguirá todos los días de mi vida, hasta que llegue a morar con Él en el día largo de la eternidad”(3).
   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

DOMINGO IN ALBIS 
Y OCTAVA DE PASCUA
Estación en San Pancracio
I clase - Ornamentos Blancos

   Este Domingo se llama de Quasimodo por las primeras palabras de la Antífona de Entrada, o In Albis, porque los neófitos acababan de dejar sus blancas túnicas. La Iglesia compara a sus hijos con los niños recién nacidos y esa leche que les da de beber (Int.) es la fe en Jesús que les hará triunfar sobre el mundo. Esa fe tiene por fundamento el testimonio del Padre, que en el Bautismo de Cristo (agua) le había ya proclamado hijo suyo; del Hijo, que en la cruz (sangre), se mostró verdaderamente Hijo del Padre; y del Espíritu Santo (fuego), el cual atestigua por la Resurrección de Jesús la divinidad del Salvador (Ep.).

   También nos muestra el Evangelio como Cristo, que se apareció dos veces en el Cenáculo, después de confundir la incredulidad de Tomás, alabó a los que, sin haber visto, creen en Él.

   Creamos nosotros en Jesús resucitado, y repitamos en presencia de la divina Eucaristía, donde está real y verdaderamente, aquel grito de fe y de humildad de Santo Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”

   “Tu rey de la gloria, oh Cristo”. Es verdad que moriste por nuestros pecados; pero también resucitaste para revestirnos de tu justicia y devolvernos el derecho perdido a la herencia. Gracias, Señor, gracias te sean dadas por tan señalado beneficio.

   “En tu Resurrección ¡oh Cristo! Se alegren cielos y tierra”, porque todos juntamente contigo resucitamos. Que estas alegrías pascuales, alegrías puras y de cielo, perduren en nosotros y dejen impresa honda huella en nuestras almas. Ocho días hace que te vimos surgir vencedor de la muerte y del infierno, cual león fuerte de Judá. Tus rugidos han hecho estremecerse al mundo incrédulo, y confiar al rebañito pequeño si, pero escogido, que Tú mismo te elegiste y que vive tranquilo y en paz, sabiendo que Tú eres quien le guarda. Cada Domingo renovaremos y honraremos la memoria de tu santa Resurrección. Líbranos por ella de todo mal.

   Hoy, Señor, solo pedimos una gracia, gracia que las resume todas; gracia que tantas veces implora la liturgia de estos sacratísimos días: ut Sacramentum vivendo TENEANT; que estas fiestas pascuales y las gracias celestiales que en ellas llueven a torrentes, moribus et vita TENEAMUS. Lo que equivale a aquella amonestación que el sacerdote nos dirigió al bautizarnos: SERVA BAPTISMUM TUUM, guarda blanca la túnica de tu bautismo, y encendida la fe que en el se te dio; para que cuando el Esposo venga a llamarte a las bodas, puedas seguirle con todos sus santos a los palacios del cielo y tener la vida eterna, y el gozo por los siglos de los siglos. AMEN, AMEN. Fiat, Fiat!

   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.


DOMINGO SEGUNDO DE PASIÓN
O DE RAMOS
I clase

PRIMER DOMINGO DE PASIÓN
Estación en San Pedro

   “No ignoramos, dice San León, que el misterio pascual ocupa el primer lugar entre todas las solemnidades religiosas. Verdad es que nuestro modo de vivir durante todo el año debe disponernos, mediante la reforma de nuestras costumbres, a celebrarlo de una manera digna y conveniente. Pero los días presentes exigen una muy especial devoción, sabiendo que está ya cerca aquél en que celebramos el misterio sublimísimo de la divina misericordia”.

   Este misterio es el de la Pasión. De ahí que la Misa y el mismo Oficio Divino se hallen como saturados del pensamiento absorbente a la par que tiernísimo de la Pasión de Jesús y de la infidelidad de los Judíos, cuyos sitiales en el reino de Dios vienen a ocupar los bautizados, o sea, los catecúmenos y los cristianos.

Distribuir contenido